La Fundación es una entidad sin fines de lucro que se constituye a partir de la experiencia de un equipo de investigación en salud mental, que organizó en 1991 un Centro para la Investigación de la Psicosis.






 



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Obstáculos clínicos para un proyecto de reinserción social - Equipo del Servicio 3, del Hospital José T. Borda

El equipo del Servicio Nº 3 de este hospital tomó como punto de partida para la reflexión la definición de salud mental de la OMS: "es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades". Desde la posición del psicoanálisis, se abre allí una diferencia de perspectiva respecto de cualquier propuesta que presuponga algún criterio de bienestar o adecuación a los ideales sociales o parentales.

Dentro de los trabajos del equipo constituido por la Fundación Etiem en el Hospital Borda, se nos planteó el interrogante referido al tema de reinserción social en pacientes psicóticos con períodos largos de manicomialización.

¿Que parámetros, que rasgos tomar para posibilitar una reinserción social, si se toma en cuenta el grado de abulia y de replegamiento libidinal propio de la misma estructura, pero que a su vez es incrementado por la inercia de las instituciones asilares.

El debate se planteó en los términos siguientes: ¿Hay que tomar en cuenta las aptitudes de un enfermo mental para su reinserción social en un sistema productivo? La cuestión es problemática, ya que pueden surgir confusiones respecto a qué considerar una aptitud capaz de ser incluida en un sistema económico-social. Y, por otra parte, respecto de esa misma aptitud, habría que considerar en que medida esto puede alcanzar un valor de intercambio para el sujeto, o si esto es en realidad algo contraindicado justamente por su significación delirante. Hay que partir de la base de que si el psicótico se encuentra por fuera del contrato social, ello se debe a que la errancia propia de la psicosis le impide casi completamente anudarse a toda significación compartida respecto del valor del dinero como equivalente general.

El caso

El debate se centró en el caso de un enfermo que se autodefinía como "un ciruja", hecho por el cual, dedicaba su tiempo a apilar sin fin, lo que él consideraba "materia prima para la industria", seleccionando partes de determinados objetos, de los que suponía que en un futuro asintótico serían reconocidos y utilizados como tal.

El enfermo intentaba diferenciarse fuertemente de lo que él llamaba "los cartoneros", a quienes despreciaba porque, según su decir, se relacionaban con desechos, dado que los dejaban diseminados en forma descuidada cuando pasaba la temporada de verano y se retiraban de las zonas balnearias. Ello constituía el núcleo mismo de su delirio persecutorio, en el que la iniciativa del Otro había recaído sobre la figura de los cartoneros, quienes adquirían ese carácter hostil por el estatuto que le conferían al objeto; en la medida en que esto lo confrontaba con que ese mismo objeto agalmático alojado en su delirio, en manos de los cartoneros caía como un objeto de desecho.

Por otra parte los cartoneros remitían a un personaje conocido públicamente por haber estado ligado a un crimen, hecho contingente que probablemente haya servido al sujeto para construir su delirio.

Propuesta de rehabilitación

Este ejemplo dio lugar a debatir en qué medida un proyecto de externación y reinserción social, podría aprovechar la inclinación del sujeto a la acumulación de materiales de desecho para encomendarle, por ejemplo, una tarea de limpieza. Lo que equivaldría a tomar un rasgo delirante como una aptitud productiva. Se descartó esta propuesta por dos razones

Argumento uno: de la significación del delirio

A nivel de la palabra del sujeto, la diferencia entre el ciruja y el cartonero constituía la esencia de su delirio y por lo tanto de su función de estabilización. Por cuanto esta diferenciación entre ser un ciruja y ser un cartonero, le permitía conservar una distancia operativa mínima entre su yo y el otro especular, evitando así que esa distancia se enrolle sobre sí misma. Dice Lacan en el Seminario III: "es sugerente ver que, para que todo no se reduzca de golpe a nada, para que toda la tela de la relación imaginaria no se vuelva a enrollar de golpe, y no desaparezca en una oquedad sombría [...], es necesaria esa red de naturaleza simbólica que conserva cierta estabilidad de la imagen en las relaciones interhumanas".

Introducir a este paciente en una propuesta de trabajar recolectando objetos de desecho sería colocarlo peligrosamente del lado de sus perseguidores, teniendo en cuenta que el paciente seleccionaba entre el universo de los desechos, los que consideraba ™tiles para la industria.

Argumento dos: el psicótico y el lazo social

El punto resultó controvertido además por cuanto se nos formularon cuestiones, en relación con el lugar posible del psicótico en el seno del discurso neurótico. El mantenimiento del orden público requiere de un acatamiento a normas que implican una significación compartida. Cuando en un sujeto se hace evidente una significación personal sostenida en un goce autístico, por el cual le es imposible incluirse en una lógica colectiva, esta significación implica un fracaso en las expectativas generales y en los ideales sociales. Hay que considerar que una tarea sólo tiene un valor subjetivo en tanto esta entramado por el delirio y no por el sentido de una realidad social de producción, que íntimamente le es extraña. Su trabajo, por el contrario, esta ligado a un goce solitario, autístico.

Toda alteración del orden público genera automáticamente el rechazo del Otro Social y con más razón cuando ello no puede comprenderse desde el discurso corriente. Esta perspectiva del problema permite pensar que la resocialización también debería estar del lado del Otro Social, en el sentido de tolerar las manifestaciones psicóticas para alojar al sujeto con su forma de estabilización particular, lo que podría ser el resultado dedeo un análisis y no tanto de un proceso educativo. Se puede objetar que ha habido casos de estabilizaciones que permitieron a algunos sujetos circular con un nombre propio al menos durante un largo período de su vida, sin que sus rasgos peculiares llegaran a producir un trastorno a nivel del orden social.

Fundamentación

Desde Pinel y su tratamiento moral, el trabajo en los asilos ha sido concebido como el medio de detener "la imaginación y las pasiones", este criterio sustentado en una teoría particular de la psicosis perdura con sus diferencias, aún hoy.

¿Cómo pensar desde el psicoanálisis las propuestas de la ergoterapia? En principio de lo que se trata es de crear las condiciones por las que la inclusión de un sujeto en actividades productivas sea otra cosa que la sumisión al orden, que lo encierra aún más en la desubjetivación.

Nuestra apuesta es la de restituir al sujeto psicótico su responsabilidad. Desresponsabilizarlo, someterlo a un orden burocrático y carente de significación personal, es consolidar la psicosis, consolidar el proceso de desubjetivación.

Por otra parte, los trastornos, que la psiquiatría ha llamado "síntomas negativos", que impiden al sujeto psicótico inscribirse en un sistema de producción, no son aislables de los síntomas positivos, sino que por el contrario son efecto de estos. Por ello, la orientación analítica toma en cuenta esta dirección de la determinación de los síntomas al hacerse cargo de un tratamiento.

Actualmente, otras teorías han venido a sustentar la ergoterapia como modo de resocialización, estas son las derivadas de la Psicología del yo, que propone un reforzamiento del yo a través del aprendizaje, concebido como el afianzamiento de las funciones cognitivas. Este enfoque rebate el conocimiento sobre el saber. Pero el saber no es equivalente al conocimiento. Lacan recusa el objetivismo de la psicología oponiéndole lo que ya est· presente en el lenguaje, en las locuciones como: "saber-hacer" o "saber-vivir", que aluden a un saber que oriente al sujeto en su acción, es decir, que de lo que se trata es de la cuestión ética.

Saber-hacer con el goce, es el saber que nos incumbe como sujetos y que el trabajo de la psicosis nos muestra. Frente a ello, debemos pensar nuestra práctica en cuanto al papel causal que puede cumplir el analista en las elaboraciones simbólicas del trabajo de la psicosis.

Consideramos necesario sostener el sentido de la propuesta de desmanicomialización, en la medida en que una propuesta asilar no representa para el psicoanálisis ningún recurso de tratamiento posible, en el sentido en que Jacques Lacan lo pensaba.

Un tratamiento que contemple la particularidad de una aptitud es positivo en términos generales, lo que debemos separar de las técnicas de rehabilitación es su ideología de adaptación a la realidad, sólo pensada desde el reforzamiento del yo. Toda oferta en este sentido no implica un cambio en la posición subjetiva de un enfermo, sino sólo una preocupación asistencial a nivel de los recursos que se pueden brindar; y en este sentido no es diferente de la contención que hacía el asilo, cuya función específica era la administración de la locura y la protección en los dos aspectos en que ésta puede entenderse, la protección de la propia vida y la de los otros.

En este sentido, la propuesta es tomar en cuenta la realidad del delirio, reconociendo su valor de met·fora y el alivio que el sujeto reconoce en su acción delirante misma, ateniéndonos a los recursos posibles de que dispone el sujeto en el restablecimiento de los lazos con el mundo en función de su trabajo delirante.

La función del analista en este proceso es la de estar dispuesto a ofertar una escucha atenta y no condicionada por las exigencias de ninguna adecuación a la realidad del mercado, sino tan sólo a la realidad de la trama que representa al sujeto en ese punto.

Finalmente consideramos que nuestra apuesta no debe eludir la crítica permanente de nuestros resultados, la puesta a prueba de nuestras categorías y la fundamentación esclarecida de mi práctica, para dialogar con otras iniciativas comprometidas con el tratamiento de la psicosis.

Equipo del Servicio 3, Departamento 2 de Internaciones Psiquiátricas

Autores: Bernarda Antoniassi, Verónica Cardoso, José María Fernández, Silvina Hulett, Silvia Nader, Silvia Nuñez, Angel Orbea, Mariano Picos, Andrea Pineda, Stella Maris Rosconi, Beatriz Schlieper, Fabián Triador, Silvia Vetrano

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