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Proceso y desarrollo en los diferentes tipos de paranoia - M. Westerterp

En el final de la posición teórica y diagnóstica del problema de su tesis "De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad", Lacan cita a Westerterp de quien resalta su minuciosa anamnesis en los casos de delirio de persecución. "El interrogatorio deberá consagrarse de manera especialísima a precisar las experiencias iniciales que determinan el delirio" Y lo cita un poco más adelante: "El enfermo percibe "que algo en los acontecimientos le concierne a él, pero no entiende que es." 106" . Lacan subraya la capacidad de Westerterp en detectar la trampa que le pone al observador la tendencia a querer comprenderlo todo, para luego citar el resumen de las observaciones de dicho autor en los 7 puntos que extrae de su trabajo y que preceden a la presentación del caso "Aimée".

El trabajo de M. Westerterp citado por J. Lacan en su tesis es "Proceso y desarrollo en los distintos tipos de paranoia"; fue recibido para su publicación en Diciembre de 1923 y publicado en la Revista de compilación de trabajos de Neurología y Psiquiatría, Tomo 91.

Consta de VI capítulos: Introducción, Revisión bibliográfica, Paranoia persecutoria, Delirio de celos, Delirio místico y Consideraciones finales, de los cuales, dada la extensión del trabajo -120 páginas- y el interés otorgado por Lacan al capítulo de la Paranoia persecutoria -60 páginas- solo resaltaremos en esta primera traducción algunos párrafos de la Introducción y del capítulo antes resaltado.

Capítulo I

Introducción

Aquellas construcciones delirantes sistematizadas crónicas que se caracterizan por una armonía duradera entre el pensar, el sentir y el actuar, se designan en forma general como paranoicas. Pienso que, si queremos estudiar y describir la construcción de estas psicosis, sería deseable que expusiésemos las historias clínicas detalladamente, para así permitirle al lector formarse una buena idea acerca del material clínico y así permitirle la formulación de un juicio acertado. Me he servido de todos los casos presentes en los últimos cuatro años en la Valeriusklinik (Amsterdam) (...), los cuales pude observar e investigar personalmente (...).

A fin de recolectar los datos he tomado en cuenta lo máximo posible las siguientes reglas:

1) Después de tomar conocimiento a grandes rasgos del sistema delirante he tratado, de allí en más, de plantear mis preguntas con la mayor independencia posible de la idea de un sistema y tratado de determinar las verdaderas experiencias subjetivas, especialmente de la primera fase.

2) También he requerido de los pacientes sus exposiciones escritas acerca del desarrollo de sus ideas, sobre todo a fin de probar si recién ahora interpretaban los hechos del modo en que lo hacían o si ya los veían en su momento bajo la óptica actual.

3) He preguntado a las personas allegadas y tomadas en consideración por los pacientes si les llamó la atención un cambio en la conducta de los enfermos en un período determinado y en qué consistía este cambio.

4) Inversamente se investigó en los pacientes, si de acuerdo a su sensación, hubo, en algún momento preciso, cambios de comportamiento detectables en su entorno.

5) Finalmente se interrogaron, cuando fue posible, los hallazgos clínicos de médicos que trataron a los pacientes con anterioridad, así como las opiniones que se formaron (...).

Capítulo III

Paranoia persecutoria.

Al leer la breve descripción de la paranoia persecutoria en los libros de texto pertinentes se adquiere un sentimiento de satisfacción; la construcción racional, el desarrollo de esta enfermedad en un individuo ya desconfiado y arrogante, el sistema bellamente cerrado; todo esto no da la impresión de lo ininteligible que nos suscita un cuadro como la dementia paranoides en su pleno desarrollo. En el caso de la paranoia se cree que al menos se puede entender algo.

Que distinto es cuando uno está en la posición de conocer de cerca los escasos pacientes paranoicos: el contacto personal, una investigación profunda de la génesis de su delirio pronto brindan la pista que una característica normal exagerada al extremo no debe ser considerada como la clave de esta psicosis.

Así nos llama la atención que las primeras manifestaciones a través de las cuales la psicosis se exterioriza son de clase totalmente diferente que aquellas que caracterizan al sistema delirante plenamente desarrollado.

También se presenta la duda de si, antes de manifestarse la enfermedad, la persona era efectivamente tan arrogante y desconfiada como podía ser aceptado en ocasiones a partir de los primeros informes superficiales.

En tercer término nos llamó la atención que, si bien quizás era un hecho que los pacientes se sintieran perseguidos, su convicción acerca del ¿porqué? no estaba tan fundada como podría esperarse de una construcción comprensible de la psicosis.

No es infrecuente recibir en la consulta psiquiátrica pacientes con una construcción delirante crónica de años de antigüedad que dan la impresión de poseer una personalidad intacta. Pero si además se exige que el delirio sea y permanezca sistematizado, que el actuar, el sentir y el pensar estén en consonancia con el mismo, entonces este grupo se restringe enormemente y sólo permanecen unos pocos casos que pueden ser diagnosticados de paranoia.

En los últimos cuatro años llegaron a nuestra clínica sólo cuatro de estos pacientes, con los cuales tuvimos que arribar al diagnóstico de paranoia persecutoria. He tratado de seguir clínicamente la construcción de sus psicosis. He pensado utilizar en forma extensa el material del cual finalmente dispuse, para así posibilitar una crítica desde otros lados, lo cual representa una ventaja que, según mi parecer, compensa holgadamente la desventaja de una historia clínica extensa. (...). *

Resumen:

Un hombre con carga hereditaria a cuestas, de intelecto moderado, de carácter suave y sensible y una fuerte disposición sexual aunque sin inclinaciones perversas, contrae, en 1918, a la edad de 39 años, en un momento muy preciso y sin motivo conocido, la idea de ser tratado por su entorno en forma inamistosa. Hasta ese momento se sentía estimado y querido en todos lados (...) pero de pronto cree que se lo mira de un modo especial, se lo trata despectivamente, se escupe delante de él, brevemente, que su entorno se comporta ahora de un modo totalmente diferente. Algunos lo "observan fijamente con malicia", siempre cree estar siendo observado. Infructuosamente se pregunta qué significa todo esto hasta que, a la larga, la cosa se le aclara. En 1917, en su oficina le contaron que se deslizaron informes acerca suyo a raíz de su búsqueda de una flauta. En ese entonces este hecho no suscitó en él temor alguno. Ahora encuentra la única respuesta al comportamiento actual de las personas con respecto a él en el hecho que algo se le atribuye. Eso sólo puede ser esto: que en los informes dados acerca de él en Rotterdam se hizo saber acerca de su antigua manía de pellizcar. Por ello lo persigue ahora la policía de Amsterdam, ya que, entre sus perseguidores puede reconocer fácilmente a los funcionarios policiales, aunque muchas veces estén de civil. Una vez que esta idea madura en él, se explica a partir de la misma todo lo que le resulta sospechoso, no se siente tranquilo en ningún lado, cree notar que se está advertido acerca de él, que se sabe todo de él y que se toman precauciones respecto de él. También interpreta en este sentido momentos de su pasado ("cuando uno ha pasado por tanto, repiensa todo otra vez"). Durante los tres años de observación ambulatoria y en internación todo ha permanecido sin modificaciones. Se ha desvanecido su esperanza inicial de que se hubiera considerado saldada su cuenta después de su primer internación. No ha habido modificación alguna. El siempre se expresa con un afecto adecuado. También con independencia de su delirio conserva una conducta muy natural. Se encuentra muy irritado por el hecho que se persiga de este modo, por una pequeñez, (su manía de pellizcar), a un hombre tan abrumado cuando pecadores más relevantes son dejados en paz. Se le impide trabajar y así se condena a sus hijos a la misma suerte. Lo único que desea y busca es un ·mbito de trabajo tranquilo, de cualquier índole, para poder estar en paz. Por momentos amenaza con vengarse ("si me siguen tratando así, entonces tendré preparado ·cido sulf™rico o un revolver, y después quisiera ver qué haría conmigo el tribunal con un abogado como el Dr. P."), o se queja amargamente sobre su mal ("observe el Gólgota, donde un asesino inteligente recibe el perdón; eso no dura 26 años, como me fue hecho a mi").

Hasta el momento nunca se ha tornado agresivo. Tiene predisposición a ayudar a los demás y aprecia mucho a su mujer e hijos. También está agradecido por lo que se ha hecho por él. Un acceso de cólera aislado contra sus médicos es consecuencia de su delirio en relación a acontecimientos reales.

Jamás aparecieron alucinaciones ni ideas de influencia. Su razonamiento es enteramente ordenado. Tal vez haya un ligero aumento en la autoestima, pero decididamente no aparecen ideas de grandeza*.

Trad. Tomás M. Hoffmann

Proceso y desarrollo en los diferentes tipos de paranoia - por el Dr. M. Westerterp

Consideraciones finales

Los cuatro casos arriba descritos muestran coincidencias enriquecedoras como para tratarlos en conjunto. En el curso de los años estos desarrollan un delirio de persecución sistemático. Los pacientes relatan sus ideas con adecuación afectiva extrayendo las consecuencias de ello. No existe delirio de grandeza, tampoco alucinaciones, ideas de influencia, anestesia afectiva, ni incomprensibles saltos del pensamiento. Los pacientes no poseen ninguna idea que no esté en estrecha concordancia con el resto del contenido representacional. Hacia el médico mantienen una evidente relación afectiva; están agradecidos por el interés demostrado y esperan hallar protección en él. Cuando ocurre que su desconfianza es despertada, entonces la fundamentan lógicamente en determinadas circunstancias. Carecen de manifestaciones claras de manía o depresión.

Se podrían confundir el hablar de prisa y las veloces transiciones de pensamientos con un estado hipomaníaco, como muestra el caso llamado Vonk, en episodios de nerviosa desconfianza; sin embargo faltan para ello todos los puntos de anudamiento, como también para una depresión. Faltan los síntomas cardinales de la Dementia praecox. No se comprueba la existencia de autismo, ni de anestesia afectiva, ni de perturbaciones en la asociación.

Se trata aquí solamente de un delirio de persecución crónico, sistematizado, de surgimiento paulatino y permanente durante largos años, con el afecto natural conservado y plena articulación entre el pensar, el querer y el sentir. Por consiguiente, se trata de casos que pertenecen al cuadro clínico de la paranoia y ciertamente al tipo de delirio de persecución.

En general rige aún poco acuerdo respecto al concepto de paranoia. Algunos decididamente quieren desterrar este cuadro como unidad mórbida del sistema clínico. Otros ven en él el desarrollo progresivo de una personalidad degenerada; por el contrario, otros sostienen la concepción de un origen reactivo a experiencias plenas de significación.

Una solución, a mi parecer, es posible por medio de un detenido estudio, libre de prejuicios, de la secuencia cronológica donde sean hallados los diferentes fenómenos observables que se presentan en el curso de la enfermedad.

Grandes dificultades están enlazadas con esto. Primero, porque por lo regular recibimos a estos pacientes en consulta recién mucho tiempo después del inicio de los síntomas. Entonces encontramos el delirio ya plenamente desarrollado, el cual reviste plena significación para el paciente, mientras que los fenómenos primarios han perdido para ellos su significación y sólo son reconstruidos con gran esfuerzo. Segundo, los casos descritos previamente son excepcionalmente raros; en nuestra Clínica y en nuestro Policlínico ingresaron en cuatro años sólo cuatro casos sobre unos mil pacientes psiquiátricos.

En la primera entrevista dejamos relatar al paciente libremente su caso, luego sigue por lo general la confesión de una experiencia más o menos significativa desde la cu·l intenta hacer comprensible el curso posterior. También en sus exposiciones escritas brinda el paciente una descripción cerrada que a priori no parece imposible. De la mano de las grandes líneas de la fabulación delirante se hacen comprensibles y pensables las elaboraciones patológicas más amplias. No ocurren fenómenos de disociación; sólo en su aspecto cuantitativo parecen las reacciones y afectos diferentes a los casos normales, como es un hecho bastante conocido en el caso de los degenerados. (Degenerierten)

Así, por ejemplo, en el caso descrito por Schnizer, quién siendo un hombre simpático para su casa y para sí mismo, con motivo de una declaración despreciativa sobre su persona le surge la idea de que se le oponen en cuanto artista de ambicioso y de talento. Después de esto debe de haberse desarrollado, de forma sistemática y conforme a un mero camino psicológico, un delirio de persecución en un individuo psicopático.

En el caso Wagner, escribe Gaupp, luego de un delito sexual (sodomía) surgen exageradas representaciones de culpa de esta índole, las cuales junto con la desconfianza y la sobreestimación de sí mismo conducen a un sistemático delirio de persecución conforme a un claro camino psicológico en un individuo degenerado.

En mi caso Hammer, sostuve desde un principio la impresión que en un individuo psicopático, con motivo de una experiencia decepcionante para él (el rechazo a su demanda de una flauta, sobre lo cual él sabía que en relación a esta demanda se lo había investigado), surge la idea de que tempranos actos indebidos (su manía de pellizcar) han salido a la luz, a consecuencia de lo cual él se creía ahora mirado llamativamente por las personas.

El diagnóstico fue dejado provisionalmente en suspenso en tanto persistiera una idea sobrevalorada en un individuo psicopático.

En la segunda entrevista el paciente se manifestó completamente sin modificaciones, fue examinado entonces exhaustivamente acerca de cómo era su personalidad, cómo comenzó su alienación y cuales habían sido los primeros síntomas.

Fue bien claro entonces que la construcción arriba supuesta no se sostenía por completo en consonancia con los hechos, sino que sólo era la formulación terminal de cómo el paciente había interpretado sus experiencias reales en los últimos años.

Los delitos sexuales declarados por el paciente, ¿fueron realmente elaborados desde el inicio tan seriamente, que aún después de años enteros su vida psíquica hubo de ser influida enteramente por ellos? Un examen exhaustivo de los fenómenos sucesivos nos muestra que éste no es el caso øY era un rasgo suyo el sentirse dañado o escasamente apreciado, de modo que su delirio fuese una gran exageración de las características preexistentes a la psicosis?

Tampoco es éste el caso.

Hammer se define a sí mismo como una persona angustiada y algo tímida, que ya en su niñez rehuía las travesuras de sus camaradas de escuela; apreciaba el autodesarrollo y tenía respeto por aquellos que sabían más que él; también frecuentaba con gusto los conciertos. Mantenía fuertes disposiciones heterosexuales; si bien intentaba contenerse a sí mismo tanto como le fuera posible, sin lograrlo sin embargo en algunos años. El estaba satisfecho con su vida, durante el tiempo en que soñaba aún con una carrera como músico. Se sentía satisfecho en los lugares donde estaba activo; y era bien visto por aquellos que entraban en contacto con él. En los locales mundanos él era el confidente y el favorito de las damas, siendo tratado por los ocasionales concurrentes como un igual, si bien en ocasiones se reprochaba críticamente sus deslices morales.

En sus distintos trabajos se sintió estimado como persona y como fuerza de trabajo, como el mismo lo expresa: "era Hammer por delante y Hammer por detrás".

Repentinamente, en 1918, esta vida sin perturbaciones llega a un final. No observa ya más el anterior aprecio por parte de su entorno, sino que en su lugar sólo lee desvalorización y vigilancia en la mirada de las personas a quienes se les ha ido su anterior cortesía y complacencia. Comienzan a observarlo con enemistosa fijeza y a escupir delante de él. El constata con sorpresa todo ello, sin poder concebir de donde viene este cambio. Al comienzo busca inútilmente una explicación, hasta que le sobreviene una revelación. Hacía un par de años, como miembro de un cuerpo de música, (1) había realizado una solicitud por una costosa flauta. Recuerda que se le había dicho en su oficina de entonces que se pedían informaciones sobre él, circunstancia que en ese entonces no le molestaba debido al aprecio que gozaba de sus superiores. El no recibió la flauta solicitada, sin pensar en ese entonces, mucho en ello. más ahora, repentinamente, todo esto devino para él la clave del misterioso control cuyo centro él se siente. Tiene la sensación de que se lo observa por alguna cosa que se sabe algo de él øy qué otra cosa puede ser sino su manía de pellizcar de los 20 años ?. Sólo por esto no había recibido él la flauta; y por esto también la policía de Amsterdam le había prestado atención y lo tenía entre ojos. De esto deriva aquella fijeza, lo mismo que los innumerables inconvenientes y las muchas miradas plenas de significación.

A la fase de duda e incertidumbre le sigue pues siempre una convicción más firme acerca de una determinada persecución, que además comienza como una idea sobrestimada que pasa a dominar la total vida anímica del paciente y lo torna desconfiado en cada situación que pueda conducirle de cualquier modo a ella.

Por consiguiente, luego de un período de duda acerca de la significación de las experiencias mórbidas primarias (°no de su realidad!), éstas fueron moldeadas en una forma precisa y satisfactoria para el paciente, formándose así un sobrevalorado complejo de ideas; más no con motivo de una importante experiencia o sobre el fundamento de una predisposición de carácter, sino que dicho complejo ha provenido de fenómenos patológicos primarios, es decir, de verdaderas expresiones de un proceso, tal como lo describe Jaspers.

Luego de la relativamente breve fase introductoria, que muestra claramente la naturaleza de un proceso (pues entran de una vez en escena elementos heterogéneos a la vida psíquica como no los encontramos en los sanos normales), sucede el desarrollo, una vez que el núcleo del delirio ha surgido - de la manera antes bosquejada-, de un modo en apariencia totalmente normal psicológicamente.

En adelante, lo que nuestro paciente produce está siempre comprensiblemente ligado con el núcleo del sistema. Si instituyésemos la idea sobrevalorada de ser perseguido por la policía debido a su pasado sexual como lo dado, entonces podrían ser relacionadas minucias insignificantes, con esta idea llegando a ser vistas bajo otra luz, como también aparecen algunas veces en los sanos, ideas de referencia bajo condiciones de emoción extrema. Por supuesto con esto sólo no se esclarece el posterior curso incurable.

Una idea sobrestimada jugará, por lo mismo, a la larga un rol cada vez menos importante en la vida anímica y caerá sino continuó siendo nutrida por determinados sucesos o constelaciones que estén ligados asociativamente con ella.

Ya que aquí, en nuestros casos, existe generalmente más bien una progresión paulatina sin que los factores arriba mencionados jueguen un rol sobresaliente, resulta más plausible una diferente explicación.

Los síntomas primarios del proceso no cesan cuando se ha formado el núcleo del delirio -lo cual ya sería en sí muy improbable-, sino que permanecen, aunque sin afectar al paciente de modo tan especial como al comienzo, porque ellos son comprendidos de inmediato y están bien adaptados al sistema que se ha formado entretanto ellos no adopten un carácter diferente y más grave. Solo a través del carácter especial del fenómeno mórbido les es posibilitado a nuestros pacientes formar una síntesis aceptable entre sus experiencias normales y patológicas. En principio estos casos no pueden ser confrontados con procesos más graves (en los cu·les entran en escena alucinaciones, ideas de influencia, etc., sin que ocurra a la larga en ellos la demencia de los procesos org·nicos). Pero ellos sí se desvían en su total construcción del desarrollo patológico de una personalidad como será aclarado aún más adelante.

Que la fabulación delirante sea secundaria obedece también a que la causa de la persecución algunas veces no les resulta clara o satisfactoria, mientras que la idea de ser perseguido sí se afirma subjetivamente. Psicológicamente es algo difícil de concebir; bien, si aceptamos que la fabulación delirante es sólo un intento del paciente para aclarar los primeros elementos psíquicos patológicos, ésta será producida siempre de nuevo por medio de aquél proceso fundamental subyacente a ella, intento que no siempre tiene un claro éxito.

Esto llama la atención fuertemente en nuestro cuarto caso, Kalkman donde siempre emergen nuevas suposiciones que a corto o largo plazo son sustituidas por otras distintas, mientras que a veces se presentan de nuevo tardíamente sin que nunca lleguen a ser corregidas por completo.

Este paciente nunca arriba a un sentimiento de certidumbre; permanece oscilando entre suposiciones de mayor o menor probabilidad. Esta forma exterior recuerda fuertemente al "delirio de suposición" (2) de los investigadores franceses, el cual debe ser puesto con propiedad en una misma línea con el "delirio de interpretación"(3). En mi opinión, circunstancias azarosas decidirán si encontramos en las mismas perturbaciones de base una formación delirante (las primeras manifestaciones mórbidas de Kalkman se parecían completamente a las vivencias que describían otros pacientes nuestros) con el mismo núcleo creado a partir de experiencias vitales plenas de significación, bastando las mismas al individuo ya que satisfacen su necesidad de causalidad; o si también el cuadro exterior está constituido por posibilidades aceptables en mayor o menor medida por la subjetividad del paciente. El primer tipo lo encontramos en Hammer y en los pacientes descritos por Schnizer y por Gaupp; en el otro extremo encontramos a nuestro cuarto paciente Kalkman. La mayoría de los casos como Eschenbagger y Vonk son formas que deben ser ubicadas entre ambos tipos. La forma pura, en la cual todo gira alrededor de un único complejo de pensamientos interrelacionados entre sí tal vez no acontezca. A través de observaciones y preguntas minuciosas y exentas de prejuicios se obtiene por lo general la demostración de que nunca faltan complejos delirantes plenos de significación, los cuales no obstante tienen estrecha relación con los pensamientos centrales. Ciertamente es este el caso para nuestro paciente Hammer como para el paciente Wagner de Gaupp.

A excepción de las llamadas habitualmente ideas de referencia, como éstas tienen lugar junto a cada idea sobrestimada acentuada afectivamente con intensidad, el paciente encuentra, incluso en los casos ya descritos, modos mórbidos bien específicos para nutrir su sistema delirante y por tal razón éste no empalidece.

En este último aspecto, en la práctica clínica observamos realmente que no es siempre posible decir de una interpretación determinada si ella ha surgido sólo por medio del afecto de la entonces presente idea sobrevalorada o como elaboración de los síntomas primarios de un proceso.

La verdadera especie de estos fenómenos primarios es difícil de analizar porque en el momento en el que hablamos con el paciente éstos, en su forma pura datan de hace varios años. Es muy improbable que grandes perturbaciones generales de la percepción hayan tenido existencia. La anomalía consiste mas bien en lo siguiente, que en la percepción normal directa de un objeto son modificadas la interpretación fiel de lo dado y la finalidad del objeto apareciendo ambas teñidas subjetivamente. Es posible que primariamente una perturbación general de las sensaciones no integre una clase bien definida (que sea designable sin más como desconfianza) y que determinadas percepciones secundariamente tengan un carácter subjetivo; pero no me parece posible por ahora encontrar una decisión sobre esto y es también muy difícil de esperar en el futuro. En cada caso lo primario para el sentimiento de los pacientes es la actitud diferente del entorno. Un desplazamiento se presenta en la relación entre el enfermo y su entorno. En general las manifestaciones recuerdan al delirio de referencia tal como Jaspers las describe en su "Psicopatología general", si bien ellas tampoco corresponden exactamente a las allí descritas.

Las consideraciones precedentes aún deben explicarse en muchos puntos y ser comparadas en la literatura con las distintas opiniones sobre la génesis de la paranoia. Se ha anticipado que muchos investigadores no hacen diferencia entre los subgrupos: delirio de grandeza, delirio de persecución, delirio celotípico y eventualmente delirio querulante.

En los casos de paranoia persecutoria descritos por mí no tenían los pacientes antes de su enfermedad ninguna personalidad llamativa. Particularmente no se comprobó ninguna discrepancia anormal entre el querer y el poder, como tampoco una arrogancia mayor que sea llamativa.

En realidad no había nada en cuanto a la predisposición esbozada por Kraepelin, como tampoco de una insuficiencia general de las funciones intelectuales o de una modalidad de pensamiento más primitiva.

Encontramos que en hombres comunes, para sorpresa de su entorno, en un breve lapso irrumpe una completa transformación en la estimación de la conducta de sus semejantes. En sentido inverso, este supuesto comportamiento alterado despierta inicialmente su asombro para pasar finalmente a una desconfianza cada vez más fuerte cuando consideran haber descubierto conexiones; se sienten siempre más atormentados con motivo de las persecuciones imaginarias. Es difícil indagar qué ha pasado con ellos, cómo han arribado a un sistema delirante que a menudo nos sorprende no tanto por su imposibilidad como por lo incomprensible de su aparición.

Para alcanzar una aproximación a ello debemos retroceder al más temprano comienzo y no contentarnos con un juicio final subjetivo del paciente o conformarnos con un relato como él lo ha sugerido por necesidad de sucesivas conexiones racionales y a menudo sólo consciente a medias. Acerca de éste comienzo siempre nos es v·lido conservar algunos puntos de apoyo cuando preguntamos a los pacientes no tanto acerca de explicaciones de las ideas ahora existentes en él, sino acerca de los fenómenos consecutivos.

Entonces se demuestra que siempre al comienzo ha existido una fase de incertidumbre, una fase en la cual el paciente mismo ha sentido como una extraña mutación en la actitud del entorno.

No he podido constatar una perturbación general de las percepciones como lo han admitido algunos autores anteriores; tampoco así la existencia de una desconfianza difusa o una formación delirante previa. Por otra parte, los historiales clínicos que están basados en estos conceptos caen fuera del concepto actual de paranoia, por lo menos hasta donde esto puede ser proseguido.

Solamente podemos decir de los fenómenos primarios que la finalidad y la significación que generalmente son directas y correctas en la percepción de un objeto, aquí son falsamente juzgadas. En mi opinión esto rige sólo para determinadas percepciones, quedando por el momento provisoriamente la cuestión insoluble de si las percepciones son modificadas selectivamente o si se presenta de otro modo una perturbación primaria de las sensaciones que se manifiesta en una visión diferente del entorno. En el caso de que esta perturbación general de las sensaciones haya existido primariamente no puede, sin más, ser calificada sólo como desconfianza, es lo que demuestra fehacientemente Bleuer en su libro Afectividad, sugestibilidad y paranoia. El sentimiento de desconfianza recién entra en escena una vez surgido el núcleo del delirio y ocasiona entonces diversas interpretaciones tergiversadas. En particular, Eschenbagger se expresa alusivamente de esta circunstancia cuando a la pregunta sobre si él es desconfiado, responde: "se es forzado a eso. De un modo aún más demostrativo Kalkman da una consideración espontánea sobre la aparición de su desconfianza, tal como él la ha experimentado cuando le escribe a su médico (ver historia clínica): "es verdad que hubo tiempos que yo he sido desconfiado...", etc.

La cuestión se ilumina tanto como es posible en esto, que la percepción objetiva por parte del entorno, que en un determinado período de tiempo el paciente se ha tornado desconfiado, también es vivenciada subjetivamente por el paciente; pero justamente a raíz de sus percepciones enfermas, para nosotros no reales, él no puede concebir no estar justificado de tener esta desconfianza porque sus experiencias son para él reales y le fuerzan más y más a estar alerta. Lo que el examinador llama objetivamente desconfianza, es para el enfermo una necesaria vigilancia defensiva perfectamente motivada, siendo rechazado por él con indignación el nombre de desconfianza inmotivada.

En la última edición de su manual, Kraepelin llama un típico ejemplo de paranoia persecutoria al caso publicado por Hermann Schneider. Schneider mismo quiere llamar al caso una demencia precoz; y en mi opinión conduce muchos argumentos con propiedad, de modo tal que no estamos frente a un verdadero desarrollo de un individuo degenerado, aunque también creo que supone equivocadamente en este paciente una debilidad del juicio; y habría hecho mejor en hablar de la obtención por medio de vías patológicas del material de la experiencia que fuerza al paciente hacia concepciones distintas a las nuestras. No es suficientemente conocido en este paciente el inicio de la enfermedad, ya que éste llega al examen clínico mucho tiempo después del comienzo de la misma. De acuerdo a mi opinión no hay ninguna duda de que la dama de Quito, la cual según los dichos del paciente parece jugar un rol preponderante también durante su examen, especialmente a la par de preguntas sugestivas, advino de entrada al lugar central sólo por medio de la psicosis y no a la inversa, como sería el caso en una reacción o desarrollo.

Ni en mis propios casos, ni en la bibliografía he notado que los pacientes con delirio de persecución crónica hayan llamado la atención antes de su enfermedad por medio de la sobreestimación de sí asociada con un sentimiento de incertidumbre y tal vez por este medio reforzada reactivamente.

Los hombres con una fuerte conciencia de sí, no poseen la capacidad de entender sus propias imperfecciones y entonces trasladan sus faltas a su entorno bajo la forma de la idea de ser siempre ignorados y tratados peor que otros; esto es algo que se encuentra a menudo en los psicópatas y que difiere sólo cuantitativamente de los normales. Tales personas, sea por un breve o largo tiempo, pueden tener la idea de que son contrariados, como en nuestro siguiente caso Blok, pero no se encuentra nunca en ellos un inicio como en los casos arriba descritos y tampoco la idea de ser perseguidos por una cierta categoría de hombres a causa de un determinado hecho.

Me parece que el error es causado aquí al concebir una analogía y una transición fluida, porque solamente se comparan entre sí, cierta semejanza de los productos finales que se han originado por diferentes caminos; uno surgido a partir de afectos normales por vías psicológicas normales; el otro originado como explicación de los síntomas incomprensibles iniciales del proceso. El deseo de poder tornar comprensible algo en apariencia tan bien conexo como un delirio sistemático de persecución, de levantar el secreto velo de su origen, es aquí la causa de una convicción que no se halla en total consonancia con los hechos realmente percibidos.

Con Van Valkenburg creo que es mejor afirmar nuestra ignorancia con respecto a esto que contentarnos con una explicación que pueda satisfacer a nuestro sentimiento pero que no soporte ninguna crítica lograda. En el mismo sentido Van Valkenburg expone también su exigencia de estudiar detenidamente el inicio de estas psicosis. Asimismo creo con él que no se puede hablar en modo alguno de una fuerte y bien definida perturbación del afecto en el inicio (esto se demuestra por ejemplo claramente en nuestro cuarto caso Kalkman), no puede determinarse ninguna perturbación afectiva interna de la cual deban derivarse con una fatal convicción las ideas de persecución.

Los dos historiales clínicos publicados por él no deben ser válidos como demostración de esta concepción, pues ninguno puede ser llamado un caso de paranoia genuina. También el concepto de despersonalización introducido por él es tomado muy ampliamente y debe ser verificado mediante los historiales clínicos, es decir, se debe poder demostrar clínicamente la despersonalización en este mismo sentido amplio en la primera fase de la genuina paranoia crónica. No lo he logrado con mis casos, si bien he preguntado siempre exhaustivamente por los síntomas iniciales.

No puedo consentir de ningún modo, en lo que concierne al delirio de persecución, a rubricar la paranoia próxima a la psicastenia y la melancolía, tanto porque no me es posible aceptar la despersonalización como síntoma primario, como también porque no encuentro ni he podido constatar por mí mismo factores disposicionales en los casos de nuestros pacientes paranoicos que condujeran al delirio de persecución crónica cuando se presentan en ellos síntomas de despersonalización.

En mi opinión Van Valkenburg realiza finalmente comparaciones definitivas entre estados que no demuestra con el material clínico.

Aunque el curso de su pensamiento para los casos por él publicados llegara a ser exacto, de todos modos, es mi parecer que con ello no ha dicho nada sobre la génesis de la genuina paranoia crónica; y creo que Van Valkenburg si bien acepta el concepto despersonalización de los autores criticados por él, la ubica en otro lugar, la cual sin la comprobación a través del material clínico, es tan hipotética en la génesis de la paranoia como la perturbación primaria de los afectos combatida con razón por él.

Bleuer opina (en la cuarta reimpresión de su obra) que enlazada a una situación en la cual los pacientes no han crecido se presenta en los individuos con una importante predisposición al delirio de persecución por la vía de un desplazamiento de sus propios errores al ambiente. En el caso de Bleuer y en otros casos publicados øse ajusta a la realidad que antes de la psicosis ya se hallen especiales rasgos del carácter tales como: gran autoestima, desproporción entre juicio y sobreestimación, gran labilidad afectiva, dificultades externas a la par que conflictos internos o es especialmente la labilidad afectiva sólo un intento de decir con otras palabras lo que nos resulta extraño (a saber la irreductibilidad del delirio originado en otro tiempo) y no un genuina explicación ?

Por ejemplo, el caso Wagner, en el cual el curso consciente de su pensamiento que las personas sabrían que él había cometido un grave delito moral y que por ello sería observado, øes equiparable a un desplazamiento de su propia debilidad no reconocida, a un traslado de sus propias faltas en el entorno? No me parece así, aunque este caso se imponga fuertemente como constituido de un modo claramente psicológico. Las erróneas interpretaciones en conexión con su exagerado sentimiento de culpa, sus ideas de no ser reconocido y una fuerte sobreestimación reactiva de sí mismo pueden ser comprensibles, pero no el delirio de persecución, sobre el cual aún volveré en detalle.

Jelgersma admite al igual que Bleuer un pasaje fluido de la paranoia lograda a la persona normal, punto de vista que en lo tocante al delirio de persecución no puedo compartir. Ni en los historiales clínicos de Jelgersma ni en otros de la literatura, puedo ver de manera clara un desarrollo cuando esto necesariamente debe ser exigido si en realidad tal pasaje fluido fuese consistente. No me parece demostrable que existan formas intermedias entre el delirio de persecución, y el pensar del hombre normal sea ya un grado más leve de la forma acabada -como por ejemplo se pueda ser más o menos maníaco- en mi opinión los síntomas iniciales son por el contrario completamente distintos y apartados del resultado final: el delirio de persecución tal como es sobradamente conocido. Tanto en relación a otros individuos como para el desarrollo de la vida psíquica del paciente tiene validez la frase: o existe un completo delirio de persecución o no existe nada por el estilo.

Existe en mi opinión, un profundo abismo entre las reacciones producidas bajo el poder de las dificultades de la vida, (principalmente carencia de reconocimiento), las consiguientes reacciones y desarrollos de un individuo soberbio y desconfiado; y la presentación de un delirio de persecución sistemático irreductible que no surge nunca de manera comprensible, sino se admite con demasiada rapidez, que el cuadro de la manera en que el paciente se lo ha representado, se trata de una verdadera restitución de los fenómenos sucesivos.

Los casos de H.W.Maier no conciernen a exactas formaciones delirantes persecutorias, excepto quizás el número 3. La descripción es con todo muy breve para abrir un juicio certero acerca de si todo ha aparecido reactivamente. Existe poca o absolutamente ninguna conexión entre los diferentes núcleos delirantes, los cuáles por otra parte no se mueven en la misma dirección. Me pregunto si en relación a los defectos éticos en el terreno sexual se trata exclusivamente de una forma leve de esquizofrenia, aún cuando no se constaten alucinaciones. Los otros casos descritos como paranoia, portan siempre un carácter más querulante.

Los casos arriba descritos no tienen nada que ver con la "Paranoia moderada" de Friedmann ni con la "Paranoia inacabada" de Sturmann. Tampoco existe coincidencia con la paranoia aguda y periódica.

A través de los cuatro historiales clínicos aquí reproducidos fue empíricamente refutado que la genuina paranoia, como opina Kleist ocurre solo en el período de involución sobre el sustrato de un carácter hipoparanoico, concepción que por lo demás pudo encontrar poco consenso. El caso publicado por Schnizer, muestra bastante similitud con los descritos por mí. Estimo al contrario de Schnizer, que no es demostrable que la formación delirante se enlace a un importante acontecimiento exterior, y por este medio deba seguir su curso.

Lo más importante es que el paciente declara un comienzo diferente en el año 1891 que en 1911, y por cierto que el sistema ha ido cerrándose en el año mencionado en último término, fechándose el comienzo aún antes. No puedo afirmar si el comienzo en los hechos fue así, tal como el paciente lo indica en este 1911, sin haber mencionado él este acontecimiento nodular de 1891, cuando todo se cumplió en tan breve tiempo. El sentimiento de ser perseguido tuvo que haber sido primario, y la explicación secundaria que halló el paciente en ese entonces fue modific·ndose con el correr de los años. No se extrae suficientemente de las anotaciones que en este hombre exista una llamativa discrepancia entre el querer y el poder.

El caso Wagner, se impone más como un desarrollo psicológico reactivo de un delirio de persecución en un psicópata. No obstante creo que Gaupp aquí no ha aportado una demostración libre de prejuicios.

Me parece muy esencial en esta materia el método de interrogación a los pacientes.

Uno puede instalarse en la posición de que la génesis, tal como es aportada directamente por el paciente, sea la correcta y proseguir entonces a interrogar las motivaciones más próximas de las sutilezas del sistema declarado; un paciente inteligente puede brindar regularmente explicaciones aproximadas y claras o bien el examinador mismo pregunta si la cosa fue de un modo u otro.

Otra manera de entrevistar, que en mi opinión es más correcta, es interrogar acerca de los fenómenos iniciales y el desarrollo cronológico de los síntomas sin imponerle al entrevistador y al paciente un sistema preconcebido. Wagner ha tenido esta diferencia presente cuando, después que le ha contado todo a Gaupp, pregunta, si es posible, que él (el paciente) haya brindado sistemáticamente una descripción falsa de lo que realmente ha pasado.

La categórica explicación de Wagner es también llamativa, esto es, que él no quiere decir los verdaderos motivos de su odio a la gente de Mühlhausen porque haría el ridículo. Aquí dónde faltan tan esencialmente las piedras angulares del edificio, sostengo la opinión, que no es comprobable que por medio de sentimientos conscientes de culpa de índole sexual proyectados hacia el exterior, todo sea explicado y demostrado. Es extraño también que Wagner se figura primero ser burlado delirantemente y después de esto, a lo largo de 7 años, no preste atención a nada del entorno; entre tanto cada día debía pensar en su bajeza moral, se despreciaba a sí mismo y tenía la propensión a suicidarse. Las ideas de persecución retornaron luego de años sin causa comprensible.

De sus sentimientos de culpa hablaba él siempre sin rodeos y así también sobre su autodesprecio, pero de las razones de su odio contra los habitantes de M¸hlhausen no quería decir nada. "No digo absolutamente nada de los motivos finales porque me resulta demasiado asqueroso", "En la actualidad yo sé, que nadie me hará decir aquello que es esencialmente mi apoyo, lo que sería la causa principal". El añade aún que su descripción no es del todo correcta y que solo puede brindarla de esta forma, porque las personas prefieren hablar unos con otros sobre temas sexuales.

Diferentes cursos de pensamientos persisten en él uno al lado de otro, a saber el arrepentimiento por sus delitos sexuales -primero onanismo, luego sodomía, con el consecuente desprecio de sí- y de cuando en cuando interpretaciones falsas en razón de ideas sobrestimadas de orden sexual, asimismo de cuando estuvo en Mühlhausen. El sentimiento de culpa esclarece su tendencia al suicidio y la idea, que los niños impedidos severamente, debieran ser muertos.

Junto a eso encontramos ideas de persecución, de las cu·les él no quiere proporcionar las verdaderas motivaciones. Los hechos sobre los cu·les descansa esta convicción, permanecen ocultos para nosotros.

Si bien Gaupp opina que el caso Wagner demuestra forzosamente que la paranoia persecutoria es un desarrollo comprensible en un individuo psicopático, es porque él supone una conexión entre las dos esferas de pensamiento que son negadas por parte del paciente.

Wagner tiene el sentimiento de significar algo, sin encontrar dicho reconocimiento en su entorno, él cree tener razón. La certeza de ser uno de los más grandes genios literarios se presenta aquí al modo de una reacción de despecho. Este origen es comprensible y es bosquejado aceptablemente por Wagner.

Así existen en este hombre notable, numerosas reacciones comprensiblemente claras, pero esto no debe inducir a querer comprenderlo todo, y entonces explicar el delirio de persecución con empatía, ya que es para el mismo paciente algo aislado y persiste donde la causa (aparente) ha llegado a caducar. No debemos tampoco perder de vista, que aquí nos apoyamos principalmente en las autodescripciones de una persona de gran talento literario y sensibilidad, siendo así más capaz que el promedio de los pacientes de exponer sus experiencias normales y patológicas en la forma de un todo decidido y generosos. Asimismo esto lo encontramos en Strindberg, quién describe en su "Confesión de un portal", un período de su vida donde sufrió un proceso, sin que eso nos llame directamente la atención en su magistral descripción bajo un modo avezado, de combinar en un amplio todo sus verdaderas experiencias patológicas con la realidad y presentarlas vivazmente ante nuestro espíritu.

No puedo relacionar la explicación de Kretschmer, acerca de que un genocidio sea la expresión de una expansión que en algunos psicópatas sensitivos se habría dormido por largo tiempo, sino que creo, que solo la suposición de un proceso que coincida con el desarrollo sintomático de una personalidad anormal, puede aclarar los hechos.

Wagner nunca escuchó algo exactamente circunscripto. Se ríen de él, se mofan de él, es difamado ininterrumpidamente y perseguido. Se trata de las mismas quejas que tienen lugar en mis cuatro pacientes: una actitud primaria diferente del entorno, para la cual buscan una explicación, la cual era f·cilmente encontrable en la sodomía de alguien como Wagner quién siempre estaba lleno de sentimientos de culpa de índole sexual.

Gaupp escribe: "Justamente la compulsión de sentirse perseguido, es duradera y patológicamente fijada" y en mi opinión, es la principal diferencia con su idea de propensión al suicidio y su creciente sobreestimación, esta tendencia delirante de creerse perseguido es traída solo violentando y oponiéndose a la concepción de Wagner, en una relación comprensible con aquello conocido.

Por ejemplo, en un instante dado él corrige su concepción sobre la culpa de Mühlhausen, pero no lo hace igualmente con su idea general de persecución, que se presenta siempre de nuevo, no en relaciones comprensibles con las circunstancias de un individuo sensible, sino que en mi opinión, son síntomas de un proceso siempre aún existente.

La solución dada por Kretschmer de que se trata aquí de un delirio de relación sensitivo que bajo un exceso de tensión afectiva culmina en una "psicosis contenciosa", me pareció a mí más una formulación discursiva situacional que una explicación. Me parece que Kretschmer ha ido demasiado lejos en sus explicaciones caracterológicas y menosprecia los elementos constitucionales biológicos, como recomienda Kahn en su informe en el "Zeitschrift f.d.ges. Neurol. u. Psych." (Revista de Psiquiatría y neurología). øNo es peligroso hacer depender de un carácter sensitivo profundo a un sutil e intrincado delirio de interpretación tan frecuente en los procesos? ¿Y se puede considerar sin más, como un desarrollo comprensible, a la condensación, de la idea de ser en general despreciado en la idea de una persecución policial, como un desarrollo comprensible? Creo que no, que el delirio de persecución, tal como lo encontramos en la genuina paranoia persecutoria, nunca surge claramente de la idea de ser desdeñado y mirado por sus faltas morales, sino que más bien el orden de los sucesos es inverso y así un conflicto moral es acuñado con un acontecimiento pleno de significación, cuando el delirio de persecución ya existe.

Serieux y Capgras consideran también la paranoia como un puro desarrollo psicológico, un punto de vista que no puedo compartir especialmente en relación al delirio de persecución. Creo que no es posible demostrar clínicamente que antes del inicio de la enfermedad haya existido ya una idea predominante, sino que en mi opinión a la inversa, un complejo cualquiera, es acarreado secundariamente al punto central del sistema.

Esto opino en el sentido de que el delirio crea su material con importantes experiencias del paciente, pero no es en absoluto la consecuencia clara y comprensible de esas experiencias.

En los tempranos comienzos del genuino delirio de persecución no existe ciertamente una "atención selectiva hipertrofiada" (4), sino que solo es construida por los investigadores franceses en abierta analogía con lo que se encuentra en una idea normal sobreestimada.

Quizás sería pensable que un delirio de persecución se desarrollase así, pero la clínica nos enseña una vez más, que lamentablemente este no es el caso y nos fuerza por ahora a contentarnos con un "No-saber-todo". Podemos perseguir gran parte de las vías del desarrollo, pero para importantes tramos faltan conexiones racionales y comprensibles y esto debe ser contemplado y admitido.

Volvamos a las cuatro historias clínicas, en las que creo que ahora hay menos dificultades diagnósticas.

No hay puntos de apoyo para una Demencia precoz; tampoco pueden ser contados estos casos dentro de las parafrenias de la formulación kraepeliniana. Otra cuestión es si puede presentarse un delirio de persecución sistematizado por otros caminos, con conservación de la personalidad y armonía en el pensar, sentir y actuar.

Esta exigencia era cumplida por una paciente, a la que observé durante tres años, cuyo proceso comenzó con claras alucinaciones. Después de unos meses se calmó la excitación nerviosa inicial y la paciente comenzó a intentar unir sus experiencias patológicas con sus experiencias sanas en un todo, una operación que solo logró a medias, si bien de esta paciente que sufría diariamente de alucinaciones, ningún observador externo, incluso el médico que la trataba regularmente por una tuberculosis, podían creer, que ella padecía una grave perturbación psíquica. Ella era una correcta señora, interesada por todos y dedicada por completo a su familia, que siempre tenía que luchar con adversidades y siempre lograba mantenerse a flote. Faltan perturbaciones en la asociación, perturbaciones de las sensaciones y autismo. Quien piensa en una paranoia alucinatoria, debe considerar provisoriamente este diagnóstico. La construcción es no obstante decisivamente diferente a los casos descritos antes detalladamente. Por un lado, ha mantenido esta paciente notablemente sus vínculos sociales, mientras que por otra parte existen llamativos síntomas psicóticos y ella (también para sí misma) nunca ha alcanzado una buena síntesis entre el material de la experiencia patológica y la normal. Ella llega como máximo a hipótesis de que podría ser de un modo o de otro, pero estas hipótesis no llevan ningún carácter de posibilidad como en nuestros cuatro casos, y se mueven en direcciones contradictorias entre sí, que siempre cambian. Con las alucinaciones entran en la vida psíquica elementos heterogéneos, que hacen imposible la formación de un buen sistema. No me atrevo a decidir, si esto es siempre así; pero me parece muy posible.

Magenau describe casos, donde la forma exterior de la paranoia era el residuo de un claro proceso esquizofrénico inicial. Si solo hablamos de paranoia para una formación delirante crónica sistematizada con conservación de la unidad del pensar, sentir y querer, estos tipos caen fuera de este cuadro.

Me parece que en un momento puede darse por cierto, que una construcción verdaderamente psicológica del delirio crónico de persecución no tiene lugar.

Quiero decir acerca de mis cuatro casos, que en ellos me mantengo en la definición de Jaspers al designarlos como procesos. El paciente tiene aquí aún capacidad de ordenar los fenómenos patológicos según una regla, expresarse en una forma concreta bastante satisfactoria, e introducirse en sus primeras experiencias sin contradicciones groseras, donde obligadamente sectores de las mismas son interpretados de manera distinta.

A partir de esta posibilidad se vislumbra la ilusión de una construcción puramente psicológica, que es tanto mayor cuanto más detalles contingentes autoricen al paciente a explicar todo desde un punto de vista y de esta manera proponer al examinador un sistema cerrado. Las certezas sustentadas por caminos patológicos pueden ser ocasión de elaboraciones secundarias psicológicamente normales, por ejemplo, si el paciente, teniendo la sólida convicción de que se lo persigue a causa de alguna cosa, interpreta en relación a esto los sucesos reales tergivers·ndolos como chicanas intencionadas.

La nueva concepción de Kraepelin se orienta en una otra dirección que antes. Cada vez más el delirio de persecución es apartado del centro, aun cuando no totalmente: Reformadores, profetas, inventores y otros por el estilo forman ahora el cuadro principal de su paranoia.

Quisiera continuar gustosamente en esta dirección; suprimir la paranoia persecutoria por completo del grupo de las reacciones y alojarla dentro de los procesos, sin que se debiera concluir de ello, que tenemos ante nosotros una forma leve de Dementia praecox, tan poco como podemos rechazar decisivamente esta concepción. Clínicamente invariablemente faltan todos los síntomas considerados típicos de la esquizofrenia.

Considerando una vez más lo expuesto, de los cuatro casos arriba descritos, puede decirse conjuntamente lo siguiente:

1-En un período circunscripto de tiempo, que puede ser bien delimitado por los pacientes, comienzan a presentarse fenómenos patológicos en individuos que hasta entonces no presentaban nada que llamase la atención.

2-Ellos creen notar una actitud hostil y un interés especial por parte de su entorno, cosas que en un principio les resultan extrañas.

3-Esto no se liga en ellos en forma directa y comprensible con una experiencia significativa.

4-Después de un breve tiempo, ellos encuentran una explicación más o menos satisfactoria para lo descrito en el punto sub-2, en la idea delirante de ser perseguidos por parte de una determinada categoría de personas a causa de un suceso preciso.

5-Entonces se presenta en primer plano una desconfianza cada vez más fuerte.

6-El delirio originado así como secundario es alimentado por la continuidad de las exteriorizaciones del proceso, pero extrae también interpretaciones comprensibles de sí mismo, como toda idea prevalente.

7-No existen alucinaciones.

La pregunta acerca de si debe ser concedida gran significación a la carga hereditaria y en qué sentido, no es determinable con un material tan escaso y tampoco reviste especial valor para el problema clínico de si tenemos delante nuestro un proceso o un desarrollo de una personalidad, la pregunta acerca de qué lugar se ajusta en nuestro sistema clínico a los casos de paranoia.*

N. del T.:

*A continuación el autor relata un caso, que considera interesante para la comparación con la paranoia persecutoria y la diferenciación entre proceso y desarrollo.

(1) En alemán- "Landsturmmusikkorp", se trata de un cuerpo de gente armada que sin pertenecer al ejército cumplen funciones de vigilancia en la ciudad, se reúnen también al toque de música. El vocablo con que se las designaba en España es "Somaten".

En francés en el original: "Délire de supposition"

En francés en el original: "Délire de interpretation"

En francés en el original: Attention élective hypertrophiée"

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