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Las voces y el relato - Germán García

Trama

¿Bajo qué supuestos -pregunta Schreber- debe una persona considerada espiritualmente enferma ser retenida contra su voluntad en un hospicio? El doctor jurista y presidente del senado emprende un trabajo arduo : valerse del discurso religioso para argumentar en el campo del derecho, contra la psiquiatría.

El argumento parte de las memorias de una cierta experiencia y luego se agregan las reflexiones en dos tiempos. Primero Schreber es testigo de transformaciones que se operan en su cuerpo y después reflexiona y argumenta.

Schreber toma del discurso religioso la figura de Zoroastro (nombre griego del persa Zaratustra) y el relato de la lucha entre Ormuz (el Dios bueno) y Arimán (el Dios malo) descripta por este profeta. Se vale también de la mitología germana evocando la figura de Odín y Thor.

Dumézil informa que en los Hávamál Odín habla de la siguiente forma: "Yo sé que colgué del árbol batido por los vientos / nueve noches enteras / herido de venablo y sacrificado a Odín / ¡yo mismo a mí mismo! / No me dieron pan ni hedromel / aceché de bajo de mí / Hice subir las runas, lo hice llamándolas / y entonces caí del árbol / Tomé nueve cantos poderosos...".

Las runas son los caracteres de la "lengua fundamental" de los escandinavos. Húnar es una vieja palabra germánica y céltica que designaba, en un principio, los secretos. Odín fue el poseedor de esta ciencia secreta formada por signos que son a la vez fonéticos y mágicos.

La narración historizante de la Ynglingasaga plantea que esta magia, cuando se la ejerce, "va acompañada de tan grande afeminamiento que los hombres no juzgaban que pudieran entregarse a ella si vergüenza, y así era a las sacerdotisas a quienes era enseñada". (Citado por Dumézil).

Esta lengua fundamental de Odín, llamado Allvater (padre de todo), feminiza a los hombres que intentan valerse de sus poderes secretos.

Este Dios charla con los cadáveres, evoca a los muertos sentado debajo de los colgados y tiene dos cuerpos que hablan y vuelan sobre la tierra, para contarle después lo que realizan los hombres.

¿No se trata de temas puntuales del delirio de Schreber? Es seguro que los jueces a los que se dirigía no desconocían esto, así como tampoco lo ignoraba Freud.

Por supuesto, no pueden psicoanalizarse los temas. Freud no lo hace, pero muchos lo hicieron partiendo de las partes de las memorias transcriptas por Freud. Lo extraño es la forma en que un cuerpo de enunciación, es transformado en relación con estos enunciados.

Schreber no niega su enfermedad, pero afirma que las revelaciones de las voces no fueron producidas por la enfermedad, sino a pesar de la misma: "Para hacerme entender -argumenta Schreber- voy a tener que utilizar muchas figuras y comparaciones que quizás, en ocasiones, solamente logran aproximarse a lo correcto, pero las comparaciones con los elementos conocidos de la experiencia humana es el único camino por el cual el hombre puede hacer comprender algunas cosas hasta un cierto grado, ya que en su ser más íntimo siempre quedan incomprensibles..."

El lenguaje de los místicos explicita que se puede decir algo sobre la experiencia mística, pero que la misma no puede ser dicha.

Forma

Schemata: esta palabra designa en griego lo que el latín llama figura (retórica). Quintiliano afirma que el cuerpo carece de gracia, pero que puede adoptar figuras seductoras. Sólo el cuerpo tiene figura (volumen, forma) y los artificios retóricos dan cuerpo al discurso.¿Cuál es el cuerpo que las figuras quieren relevar en el discurso? Octave Mannoni, hablando de Schreber anota que "...la alucinación referida al cuerpo sólo es, después de todo, el efecto silencioso del significante".

Trieb (lalengua, dice Lacan) funciona entre el cuerpo y el aparato del lenguaje. En la hipocondría hay un cuerpo al que no le pasa nada y hay un sujeto que habla al que le pasan cosas por ese cuerpo. A Schreber se le introduce una lombriz en los pulmones, se le destrozan las costillas, se le desgarra el esófago y los intestinos, se lo deja sin estómago y el alimento se vierte en la cavidad abdominal y en los muslos, se le paralizan los dedos, se le adelgaza la tapa del cráneo, se traga partes de la laringe al comer. Todo esto que "se" hace en su cuerpo, algunas veces "se" lo hacen ciertos agentes: almas diminutas trabajan en abrir y cerrar sus párpados, se pasean por su cabeza observando los destrozos y comparten su comida en pequeñas cantidades. Algunos hombrecitos en los pies le bombean la médula espinal, que se evapora en forma de nubes por la boca. Freud no se deja impresionar por estos detalles y retiene la transformación del cuerpo en femenino como el equivalente en general, por decir así, de todas esas extrañas alteraciones.

Es por eso que además de Trieb (lalengua) existe otra articulación: aquella que la función del padre instituye por el nombre. La voz del superyó es el lugar donde se anuda trieb con la función del padre. El superyó es un mandato que, por el "fallo" del padre, se impone al yo.

El argumento de Schreber encuentra en la identidad de pensamiento un lenguaje que le permite hablar de la identidad de percepción de su experiencia: "Un cuerpo de hipótesis -escribe Levi Strauss- puede presentar un valor seguro para el practicante, sin que el análisis teórico deba sentirse obligado a reconocer en él la imagen última de la realidad, y sin que sea necesario tampoco unir por su intermedio al médico y enfermo en una suerte de comunión mística que no tiene el mismo sentido para uno y para otro, y que solamente logra disolver el tratamiento en una fabulación. En el límite extremo, sólo se solicitaría de esta fabulación un lenguaje apto para la traducción, socialmente autorizada, de fenómenos cuya naturaleza profunda se habría vuelto igualmente impenetrable para el grupo, para el enfermo y para el mago".

Aquí es donde Schreber intenta sustituir la fabulación de Flechsig que autoriza en la psiquiátrica. La significación de la fantasía que articula el cuerpo del goce es absoluta, de manera que cualquier metalenguaje es un abuso de poder*. Schreber ha sido ofendido por la Nervensprache y sobreponiéndose a la ofensa se postula como profeta para los del discurso jurídico: "El delirio, en el cual vemos el producto de la enfermedad, es en realidad la tentativa de curación, la reconstrucción". (Freud, 1911).

La historia es, para Schreber, la sucesiva derrota de un discurso por otro: la religión fue derrotada por la psiquiatría. Se propone, entonces, apelar a viejos y poderosos discursos que puedan enfrentar a este nuevo poder. Descubre que Dios amó primero a los judíos a través de Jehová, después y en especial a los persas a través de Zoroastro y que bien puede elegir a los alemanes por su mediación (para lo que debe apoyarse en un discurso también poderoso, el de la mitología de los germanos). ¿Cómo puede Schreber ser Uno y a la vez pactar estos discursos excluyentes, sin contar con los dobleces de los neuróticos?: "Todo lo que ocurre -escribe- es referido a mí. Yo me he convertido para Dios en el hombre absoluto o en el único hombre, en torno al que todo gira, al que todo lo que ocurre debe ser referido y el que también desde su punto de vista ha de referir todas las cosas a sí mismo". Schreber tiene la forma del único.

Altura

El Zend Avesta (palabra de vida) del profeta Zoroastro -nombre griego del persa Zaratustra, evocado por Nietzche- es un testimonio precioso para Schreber. Zoroastro lucha contra Arimán mediante el apoyo de Ormuz. Durante diez años permanece en la montaña (a los diez años vuelve Schreber al sanatorio) sufriendo pruebas similares a las de Schreber, hasta que llega la revelación: cada día escucha la palabra de Ormuz que le habla con una voz que lo excede en imágenes ardientes que le muestran la creación de mundo y su propio origen.

El todo es la manifestación viviente de la palabra en el universo, la palabra que organiza las potestades cósmicas.

Así como Odín cambió un ojo por un trago de la fuente de la sabiduría custodiada por el gigante Mimir, también Zoroastro bebió de la fuente del saber y perdió la mujer que amaba. Al fin, se convirtió en profeta de un pueblo tan guerrero como trabajador y en el momento de la muerte recibe un premio de Ormuz: "Y en el mismo instante, fundióse Arduizur en el corazón de Zoroastro. Mira a través de los ojos de él y él de los suyos (...) °Arduizur convertida en el Alma de la raza blanca!". Como se ve, Schreber sabía elegir sus apólogos: la lengua fundamental de Odín feminiza a los hombres, Zoroastro termina siendo la bella Arduizur, alma de la raza blanca y, como si fuera poco, Ormuz era llamado el Verbo Solar. Tanto Odín como la religión de los persis (zoroastrianos actuales que tienen su centro en Bombay) tienen relaciones con cadáveres (los dejan comer por los buitres por que creen en la inmortalidad, pero no en la resurrección de los cuerpos).

Si estamos dispuestos a concederle a Schreber la posibilidad de una dimensión donde su texto se abre el discurso de la cultura, dejándose transformar por el mismo y transformándolo, nos queda el enigma de esa articulación del cuerpo con el discurso.

Schreber se propone como intérprete de Dios, del padre que cuando deja escuchar su voz designamos como superyó. Dios es el anverso del cuerpo del goce y viene a situarse en ese lugar donde ningún sujeto de enunciación puede sostenerse.

Freud muestra que la negación y la proyección se corresponden en la escopía de cuerpo: si el de Schreber se transformará en femenino, es por que interpreta por esta operación lo real del goce de Dios. El milagro supone que las leyes de la materia se trasciendan en un lenguaje en donde el goce del Otro toma cuerpo en el sujeto: es la posesión.

El cuerpo poseído por el juego de los significantes será telescopiado al espacio virtual de Dios. Pero cuando esta operación fracasa, Dios toma posesión de la realidad del goce de eses cuerpo.

Si Dios es la represión en persona -según Jacques Lacan-, el discurso de Schreber resulta el revés del discurso psicoanalítico. El neurótico es creyente del falo que sitúa en el Otro, Schreber es profeta de ese Otro que es su cuerpo situado en la posesión. Pero esta ecuación que permite al cuerpo soportar el goce no es una identidad: el resto de la operación es ese goce "femenino" que se propone -más allá del falo- abierto a una metamorfosis infinita. La neurosis supone la anamorfosis del otro (la deformación que la idealización provoca en el objeto), el discurso de Schreber supone una anamorfosis del cuerpo. La hipocondría le ha hecho comprender que los efectos silenciosos de los significantes que sacuden su cuerpo no se explican por el lenguaje de Flechsig y el arte de la argumentación de sus memorias consiste en intentar sustituir una fabulación por otra, apelando a la tradición religiosa contra los avances de la psiquiatría (de los que Flechsig se había jactado, cuando Schreber lo visitó por segunda vez). Incluso, su retorno después de años mostraba, también a los ojos de su mujer, que Flechsig no era tan poderoso, que no le había restituido a su marido, como ella creía al punto de conservar el retrato del psiquiatra como santo patrono del hogar. Guiado por sus voces Schreber sigue en las alturas.

Táctica

En las memorias el estilo indirecto se duplica: Schreber transcribe las voces y el escritor "Schreber" transcribe lo que ocurrió en un tiempo diferente al que se está narrando. El narrador de las memorias mantiene una distancia temporal con el sujeto de la experiencia que se narra. Esa experiencia existe entonces en otro tiempo y en otro espacio (Schreber incluye un mapa de la distribución de las dependencias del sanatorio donde había estado).

El espacio de ese sanatorio y la experiencia sufrida en ese otro tiempo restituyen el tercer lugar necesario entre su cuerpo y su discurso actual. La lengua fundamental y el lenguaje de Flechsig se confunden porque constituyen por igual el espacio inconsciente: las voces sagradas del padre pedagogo resuenan en las palabras del psiquiatra Flechsig. Schreber se anima a enviar sus memorias al tribunal, se convierte en portador de unas convicciones cuya tradición era para sus jueces más verosímil que la psiquiatría de Flechsig. Capta un conflicto entre discursos que es, en realidad, un conflicto entre poderes.¿No se debate por la misma época la relación entre el discurso psiquiátrico y el discurso jurídico, así como la relación de estos con el discurso religioso?

La argumentación de Schreber "trama" estos discursos de la mejor manera posible: insiste en la importancia de sus memorias para la religión. Su intento de cura, su reconstrucción del mundo, compromete lo que se ha dicho sobre la experiencia mística. Si el profeta habla por otro, Schreber quiere hablar sobre los otros profetas y resumirlos en una experiencia favorable para su cultura: primero los judíos, luego los persas y por fin los alemanes (las tres grandes elecciones amorosas de Dios).

Freud argumenta de la misma forma en el prólogo a la segunda edición (1908) de la Interpretación de los sueños: "Para mí este libro tiene, en efecto, una segunda importancia subjetiva que sólo alcancé a comprender cuando lo hubo concluido, al comprobar que era una parte de mi propio análisis, que representaba mi reacción frente a la muerte de mi padre, es decir, frente al más significativo suceso, a la más tajante pérdida en la vida de un hombre. Al reconocerlo me sentí incapaz de borrar las huellas de tal influjo. Mas para el lector será indiferente en qué material aprende a considerar y a interpretar los sueños"

Volvamos al enigma del cuerpo en su relación con el lenguaje. Sobre este enigma habla la mística, porque este enigma no habla: "Misticismo, la autopercepción oscura del reino, más allá del yo, del ello" (Freud, 1938). En esta afirmación auto designa el lugar del significante en relación con ello. La percepción ocupa un lugar complejo en una cadena que Freud suele exponer: Estímulo somático-representación psíquica-estímulo exterior. El estímulo somático refiere al cuerpo del goce, al lugar de ello donde Eros se anuda con la pulsión de muerte para determinar la "percepción" de la realidad exterior. La palabra del Otro eleva este cuerpo a la función simbólica, al permitirle reconocerse en un nombre.¿Qué relación existe entre la hipocondría y ese silencio del nombre que ordena las generaciones? Schreber encuentra que esto es importante y el capítulo censurado en sus memorias parece haber tratado -por el protocolo del anterior- de la genealogía de la familia Flechsig y la familia Schreber. Incluso aventura las hipótesis de un Flechsig que se habría llamado Füchtegott (furia de Dios): "Dado que yo no tengo el más mínimo conocimiento -escribe- del árbol genealógico de la familia Flechsig de otras fuentes que las informaciones que me transmiten las voces que hablan conmigo, no será falto de interés establecer si entre los antepasados del actual Profesor Flechsig se encontraba un Daniel Fürghott Flechsig y un Abraham Fürghott Flechsig". A la genealogía biológica de la herencia levantada por la psiquiatría, Schreber opone la genealogía familiar de los nombres. La familia, custodia y reserva del goce, debe servir para comprender el sufrimiento.

El cuerpo familiar debe responder por la amputación de uno de sus miembros. La lucha entre dos familias muestra que la familia se divide en dos: heimlich y unheimlich.¿Qué pasó en esa familia para que no quedara una sola mujer para satisfacer a Dios? Incluso, ya el padre de Schreber se había encontrado en la dolorosa tarea de corregir los engendros que las mujeres alemanas entregaban a sus hombres como si fuesen hijos.

Pero la hipótesis genealógica de Schreber fue sustituida por una biología (científica): el último profeta puso el mal en la raza y desencadenó el horror del nazismo.

Es verdad que esto se encuentra en Schreber porque se encuentra en Ormuz y Arimán: el primero protege a los arios, el segundo a los pueblos bastardos. Pero era sólo un "argumento" para enrolar a Flechsig en el campo de una psiquiatría que minaba los fundamentos de la religión.

Schreber hace un uso táctico de lo que el último profeta de los alemanes hizo un uso literal, haciendo que el cuerpo social de los judíos soporte lo que Schreber había soportado en el suyo.

Mística

Para comprender el "asesinato del alma" es necesario recordar que esta última es la forma del cuerpo: el doble que anuncia la muerte y promete la inmortalidad. Schreber evoca el tema del asesinato (o robo) del alma como parte de la poesía y el folklore. La forma moderna de este robo -nos dice- es la hipnosis. Lo asesinado es la forma masculina como condición de la instauración de la mujer, por eso el horror se anuda con el milagro: "Durante el primer año de mi estancia en Sonnestein los milagros eran de naturaleza tan amenazante que yo creí que debía temer constantemente por mi vida, mi salud y mi razón(...) puede asegurar que casi ningún recuerdo de mi vida es más cierto que los milagros narrados en este capítulo.¿Qué puede ser más claro para un ser humano que lo vivido y sentido en el propio cuerpo?". Este cuerpo vuelve a ser agente de la fabulación, este cuerpo se propone a Dios como "objeto trascendente del deseo"**. De esta forma Schreber logra lo que no pudieron realizar todos los "aparatos" inventados por su padre: atravesar el goce de la madre para instalarse en esa dimensión en que la mujer existe, en la dimensión de la unión mística : "Yo no empleo la palabra mística como la empleaba Peguy. La mística no es todo aquello que no es política (...). Es posible alinearse en el lugar de lo no todo (...) entrevén, experimentan la idea de que debe haber un goce más allá. A ellos, los llamamos místicos (...). El testimonio esencial de los místicos es, precisamente, el decir que lo experimentan (al goce), pero que no saben nada de eso. Estas plegarias místicas, no son charlatanería, ni palabrerío, son lo mejor que podemos leer -nota al pie de página- agregar los Escritos de Jacques Lacan. A partir de ello, naturalmente, ustedes se convencer·n de que creo en Dios".

"Creo en el goce de la mujer en tanto "más", con la condición de que bajen el telón hasta que haya explicado bien este "más" (...). Este goce que experimenta y del que nada se sabe¿no es aquello que nos coloca en la vía de la existencia?¿Y por qué no interpretar una cara del Otro, la cara de Dios, como sostenida por el goce femenino?".

"Como todo esto ocurre gracias al ser de la significancia, y este ser no tiene más lugar que el lugar del Otro que designo con O. mayúscula, vemos el equívoco que se produce. Y como allí se inscribe la función del padre en tanto es a ella a quien remite la castración, vemos que eso no suma dos Dios (Dios en singular), pero tampoco uno solo". (Seminario XX, Lacan, 1973).

Schreber no se hace ilusiones en relación con el "saber" y cuando transmite argumenta mediante la transcripción de la experiencia y el dictado de las voces. Una mujer de la cultura mazateca -María Sabina, la sabia de los hongos- puede testimoniar del goce femenino de Schreber: "Pero sentía que me hablaban (los hongos alucinógenos). Después de comerlos oía voces. Voces que venían de otro mundo. Era como la voz de un padre que aconseja (...) Apareció un hombre bien vestido, era grande como un ·rbol. Escuché la voz misteriosa que dijo: Este es tu padre Crisanto Feliciano... Mi padre, hacía años que había muerto, ahora me daba gusto conocerlo. El hombre inmenso, mi padre, habló. (...) Me dicen que soy la mujer de los océanos, que traigo la sabiduría en mis manos. A veces lloro cuando silbo, nadie me espanta. Y es que en el medio está el lenguaje".

María Sabina experimenta el rigor de un delirio pleno de sentido, el rigor que le hizo escribir a Freud, durante su lectura Schreber, este mensaje: "Al futuro le toca decidir si en mi teoría hay más delirio de lo que yo querría, o si bien en el delirio hay más verdad de lo que hoy muchos están dispuestos a creer".

Y en 1915 agrega que cuando pensamos abstractamente nuestro pensamiento "alcanza entonces una indeseada analogía de expresión y de contenido con la labor de los esquizofrénicos".

Schreber defendía las voces contra la escritura, estaba limitado por este rechazo, y afrontó el retorno del goce mediante el relato. J. A. Miller ha llamado la atención sobre la distribución de las voces, planteado por Lacan en "De una cuestión..."

*Se puede deducir de muchas demostraciones de Jacques Lacan.

**Expresión de Jacques Lacan para definir la mujer en el cristianismo.

Germán L. García, Bs. As. 1997

Referencias:

Los datos sobre Odín son de:

- Dumézil, Georges: Los dioses de los germanos. Ed.Siglo XXI. México, 1976.

Los datos sobre Zoroastro son de :

- Schuré: Zoroastro y Buda. Ed.Kier. Bs As, 1960.

Sobre el lenguaje de la mística puede consultarse:

- Antiseri, D: El problema del lenguaje religioso. Ed.Cristiandad. España, 1968.

- Cilveti: Introducción a la mística española. Ed.Cathedra. España, 1974.

- Schroeder, L: Sensación y sinestesia. Ed.Gredos. España, 1965.

- Concilium (revista de teología), Nº20, 1996. Dedicado a la sagrada escritura.

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